Benditos los lápices de labios que enrojecen mis palabras
benditos los bares
los parques
las calles
bendita la máscara que maquilla mi melancolía
y
bendita la reina de corazones que me recuerda que tengo uno y que aún sigue latiendo.
Bendito sea
el que me vende sueños al por mayor
el que me esconde la tristeza
las preguntas
los mañanas.
Benditos sean los pasajes a la esperanza
y
los días libres para deshacer y volver a hacer
y bendito tú eres entre todos los mortales
y bendita yo soy entre todas las mujeres contigo.
Y los también y los quizá...
lunes, mayo 28, 2007
lunes, mayo 21, 2007
Destejiendo ilusiones
El ayer es hoy sólo si mi mente lo quiere,sino es nada.
Pasa el tiempo y ya es parte del ayer este segundo... este instante tal como es ahora no va a volver...
Todo esta cambiando.
Los recuerdos ,son el resto del pasado que no olvidé.
Pasa el tiempo y ya es parte del ayer este segundo... este instante tal como es ahora no va a volver...
Todo esta cambiando.
Los recuerdos ,son el resto del pasado que no olvidé.
miércoles, mayo 16, 2007
Te extraño II
Te extraño suena muy trillado... muy gastado.
Te extraño suena a “suerte”, a “felices fiestas”
suena a algo que se dice tantas veces que, cuando lo sentís de verdad, el eco al repetirlo no vacía la sensación del alma,
no resuelve que pueda mantenerme despierta preguntándome si me quisiste, si fuí lo que querías, lo que esperabas, lo que necesitabas,
si me extrañas de vez en cuando…
Te extraño ,todavía,
sin saber si me lees a través de mis palabras,
ahí adonde ahora estés…
Te extraño suena a “suerte”, a “felices fiestas”
suena a algo que se dice tantas veces que, cuando lo sentís de verdad, el eco al repetirlo no vacía la sensación del alma,
no resuelve que pueda mantenerme despierta preguntándome si me quisiste, si fuí lo que querías, lo que esperabas, lo que necesitabas,
si me extrañas de vez en cuando…
Te extraño ,todavía,
sin saber si me lees a través de mis palabras,
ahí adonde ahora estés…
domingo, mayo 13, 2007
Juegos
Te ví en el mismo momento en que vos me viste ...
venías caminando hacía mí y yo iba caminando hacia vos,
los dos hicimos un paso a la izquierda al mismo tiempo
y luego un paso a la derecha...
nos miramos
y al mismo tiempo que vos me preguntabas si creía en el destino...
yo me preguntaba por el desatino...
venías caminando hacía mí y yo iba caminando hacia vos,
los dos hicimos un paso a la izquierda al mismo tiempo
y luego un paso a la derecha...
nos miramos
y al mismo tiempo que vos me preguntabas si creía en el destino...
yo me preguntaba por el desatino...
lunes, mayo 07, 2007
El adiós.
Ayer, justo después de un año de no vernos, no escucharnos, no saber nada el uno del otro, nos encontramos. Fueron sólo quince minutos y sobraron catorce para darnos cuenta de que vos y yo nunca más podremos ser aquellos.
Yo te miraba mientras vos, antaño esfinge del silencio, no parabas de hablar. Observaba la geografía de tu cara que tan sólo hace un año me extasiaba y buscaba reencontrarme con vos en tus ojos ,aunque fuera en un único instante cómplice que me revelara que habíamos alguna vez compartido algo más que el calor de dos cuerpos. Pero tus ojos, que parecían mirarlo todo y no posarse en nada, no se acercaron a mí. Y en el momento en que parecieron hacerlo fui yo la que desvió la mirada.
La charla no excedió las fronteras del absurdo. Ni el más leve amago de pisar el terreno personal. Así, como si nada jamás hubiese existido entre nosotros. Supongo que teníamos miedo de confesarnos y sabernos ya suplantados por esos otros que hoy dicen amarnos. Esos otros a los que ahora entregamos el calor de nuestros cuerpos y que el día de mañana, probablemente, nos sean también extraños.
Antes de irme, de repente, me agarraste la mano, la apretaste unos segundos y entonces sentí... que no sentía nada...
Y te dije adiós.
Yo te miraba mientras vos, antaño esfinge del silencio, no parabas de hablar. Observaba la geografía de tu cara que tan sólo hace un año me extasiaba y buscaba reencontrarme con vos en tus ojos ,aunque fuera en un único instante cómplice que me revelara que habíamos alguna vez compartido algo más que el calor de dos cuerpos. Pero tus ojos, que parecían mirarlo todo y no posarse en nada, no se acercaron a mí. Y en el momento en que parecieron hacerlo fui yo la que desvió la mirada.
La charla no excedió las fronteras del absurdo. Ni el más leve amago de pisar el terreno personal. Así, como si nada jamás hubiese existido entre nosotros. Supongo que teníamos miedo de confesarnos y sabernos ya suplantados por esos otros que hoy dicen amarnos. Esos otros a los que ahora entregamos el calor de nuestros cuerpos y que el día de mañana, probablemente, nos sean también extraños.
Antes de irme, de repente, me agarraste la mano, la apretaste unos segundos y entonces sentí... que no sentía nada...
Y te dije adiós.
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