martes, septiembre 23, 2008

Sublimando: En la Isla.

Cuando el torpe y desagradable extranjero se le quitó de encima, quedó flotando sobre la cama sintiéndose revuelta y extraviada, desamparada como jamás lo había estado, desconociéndose en la humillación de su desnudez.
La necesidad inocente que la había arrastrado hasta allí la vejaba y desolaba mucho más de lo que su poca imaginación le hubiese podido advertir con anticipación. Por un momento se quedó quieta, todavía asustada, pensando en el regreso a su casa y el enfrentamiento con su madre. Recordó lo que a diario había escuchado con respecto a los turistas y lo que estos buscaban por las calles y bares de la ciudad.Recién ahora comprendía.
Miró hacia el techo sin definición. Los ojos entrecerrados le ardían.Todo era malestar y la humedad maloliente del cuarto, no eliminada por el ruidoso aparato de aire acondicionado recubierto de afiches viejos del Che, la hacían sudar e incomodaban hasta cortarle la respiración. Sentía una intensa debilidad, un cansancio que le aflojaba las piernas y el cuerpo entero.
Así se quedó por unos minutos, dominada por su agitación y sin saber qué hacer.Un momento después, apretando los labios, bajó la vista hacia el líquido pastoso que se le escapaba por su vagina. Más allá de su chato y escuálido vientre, le subía un olor acre desde la entrepierna. Contrayendo el rostro y tapándose la boca se contuvo a duras penas de dar un grito al ver los hilillos de sangre en la cara interna de sus muslos. Cerró las piernas y giró el cuerpo sobre la cama, temblando, desorientada. Buscando un refugio se encogió como un ovillo y se cubrió a medias con las sábanas, sin dejar de temblar, resguardando sus pequeños senos con las manos.
Más que dolor, mucho más que cualquier otra cosa, sentía vergüenza y degradación. La angustia que la ahogaba iba más allá del miedo que había sentido desde que había llegado al hotel sin saber qué hacer al quedar sometida a la voluntad del extranjero y a la mirada de los tres hombres presentes en la oscura recepción; impotente, sabiéndose sin regreso, conteniendo todos los llantos recientes que se sumaban a los que llevaba acumulados en su vivir diario.
Lo que había padecido con aquel extraño la hería en carne y hueso, en lo más hondo, oprimiéndole el alma en entrecortados gemidos que no podían romper su indefensión y su silencio; y sintiéndose ridiculizada en su inexperiencia, no entendía el por qué para ella había sido todo tan traumático y desapacible.
Sentía un sabor metálico en su boca reseca y el pensamiento hacía estragos en su cuerpo, atropellándola. Se reconoció herida y distinta. Nunca había imaginado que lo soñado tan romántico entre encajes y caricias iba a terminar siendo tan desagradable y sucio.
La mayoría de sus amigas lo hacían una y otra vez, casi a diario, y haciéndolo podían comprarse ropa y zapatos en las tiendas para turistas que sólo aceptaban pagos en dólares. Y le describían esos encuentros sin ningún tipo de inhibición, en plena calle, pintarrajeadas, con el mayor descaro, mostrándole cómo se movían y gemían en la cama para satisfacer a sus acompañantes. Eran en la ínsula, las rumberas de la prostitución. Y lo relataban como un triunfo, como si fuesen ellas las que se aprovechaban de los turistas que pululaban como lobos en cacería.
Pero a ella le había resultado muy difícil y doloroso; no podía parar de recordar el temor que había sentido cuando al principio, antes de desnudarla, el hombre le introdujo su miembro en la boca mientras la agarraba con fuerza por la cabeza, obligándola a succionarlo, maltratándola, produciéndole repulsión y arcadas. Calladamente intentó resistirse, pero no pudo.Y cuando la penetró con violencia y agresión, sintió que las piernas apenas le respondían y que el alma se le escapaba del cuerpo con cada queja reprimida, deshaciéndose bajo el peso de todos los movimientos de aquel bruto, para luego ser abandonada sobre la cama como un despojo.
Ahora lo podía escuchar canturreando bajo el chorro de agua de la ducha, complacido, seguramente convencido de su hombría. Y lo odió.Lo detestó desde el primer momento en que la empujó dentro del cuarto, deseoso y descompuesto. Era un hombre feo y desagradable.
Se sentía sola .No podía más. Se levantó y a medias se limpió la entrepierna con las sábanas, de nuevo con asco, asqueada de sí misma. Después, se vistió con la ropa miserable que llevaba puesta cuando el hombre le tocó el hombro y se le insinuó en la cafetería adonde las muchachas le dijeron que fuese bien “arregladita”, en La Habana Vieja, a pocos pasos de la Catedral. Se paró frente al espejo y se maldijo con repugnancia al verse como si fuese otra persona, delgada, ojerosa, indefensa y se sintió muy lejos de ser una mujer verdadera.
Cuando se puso los zapatos con torpeza y cerró las hebillas con sus manos temblorosas, sentada en el borde de la cama, por primera vez tuvo conciencia de que sobre la mesita de luz la radio seguía sonando con música caribeña a todo volumen.
Una mujer cantaba una guaracha con voz aguda, acompañada por trompetas, tamboriles y guitarras en múltiples tonos, remachando en el estribillo todo el placer de su Cuba bullanguera y sensual. La vida era para gozarla, decía, y lo cantaba una y otra vez. Y el coro lo repetía. Ese estribillo, tantas veces escuchado, ahora le resultaba agudo y cortante. Sonrió con tristeza y desprecio al entender aquel mundo de basura y penuria que la empujaba sin tregua hacia la nada día a día. De la misma mesita agarró los cinco dólares que el hombre le había prometido. Los estrujó con rabia y caminó hasta la puerta queriendo desaparecer. La abrió sin producir ruido y salió sin cerrarla. Y se fue caminando por el oscuro pasillo, sin mirar atrás, con la cabeza gacha, ladeándose casi sin caderas sobre los desacostumbrados y sucios tacones altos.
Lloraba. Tenía apenas doce años.

lunes, septiembre 15, 2008

Divinos pecaditos.

n°1 : sos el precio al que te vendés y la calidad que representás.
n°2 : el miedo a la pérdida es derrota anticipada.
n°3 : quien sobrealimenta el ego ajeno termina muriendo de anemia personal.
n°4 : qué es la pasión sin amor? un polvo
n°5 : qué es el amor sin pasión? una mentira