Augusto le agradaba. Algo misterioso emanaba de la pequeña cicatriz que tenía en su frente. ¿Sería casado? Sus ojos oscuros rieron cuando se lo negó y finalmente una noche aceptó su propuesta y se sentó en el sofá del living de su casa dejándose abrazar y besar hasta la aurora.
Lo notó diferente. Sus manos calientes acariciaron su cuello produciéndole escozor, bajaron con suavidad hasta su blusa desprendiéndole los botones uno a uno, sin prisa, con delicadeza; apretándole sin desmedro los pechos, mientras los chupaba con su lengua húmeda.
—Te quiero, susurró.
—Yo también, le respondió.
Y eso fue todo, y la dejó hecha una piltrafa, con la blusa desprendida y una teta afuera de la taza del corpiño.Después, la invitó a ver sus pinturas guardadas en una habitación pequeña que olía a aguarrás y menta. Varios cuadros a medio terminar se hallaban sobre caballetes. La mayoría eran de colores brillantes y de estilo surrealista. Unos diez desnudos colgaban sobre la pared del fondo. Todos parecían de la misma mujer; ciertos rasgos se repetían, el pelo enrulado, el cutis trigueño, labios y ojos grandes y nariz muy pequeña; se la veía muy sensual.
Se sintió celosa y no pudo evitar preguntar quién era.
— ¿Ella? No es de carne y hueso, le contestó, y atrayéndola hacia él la volvió a besar con dulzura.Segundos más tarde, temblando de emoción, por primera vez se animó a decirlo:
—Si aceptás a Canela, estoy seguro que seremos felices.
— ¿Canela? ¿Quién es ella?
—Más tarde tal vez te lo cuente, ahora no creo que estés lista para comprenderlo.
Conocer a Luisa fue lo mejor que le pudo ocurrir a Augusto.Era bella, inteligente, culta, independiente, pero sentía muy dentro de sí mismo que no podía hablarle de Canela y de sus siete largos años con ella.
¿Cómo decirle que la necesitaba para hacer el amor? ¿Aceptaría Luisa que ella estuviera siempre entre ellos?
Se culpaba por sus sentimientos, pero por más que lo había intentado no había podido desprenderse de Canela; su inocencia y su dejarse hacer una y otra vez sin queja alguna lo colmaban de placer.No podía destruirla. Ella lo vencía siempre con su fría sonrisa y su lujuriosa actitud.
Una luz indirecta y una vela encendida sobre la mesa le daban al ambiente un toque íntimo. La música que Augusto había elegido se elevó perezosa por la habitación.Luisa lo besó en el cuello y el torso desnudo arrastrando sus dedos sobre sus músculos bien formados.
—Me gusta con la luz encendida ¿y a vos?
—Esperá un momento, le dijo; era su oportunidad y tardó menos de un minuto en traer a Canela a la cama.
Cuando encendió la luz, ambas mujeres se enfrentaron; Luisa la miró sorprendida y aireada, quiso gritar pero no pudo, él, silenció su boca y la obligó a masturbarlo con ambas manos…
El día que Augusto fue padre, se convirtió en el hombre más feliz de la tierra. Lo malo es que después de nacer el bebé, Luisa se volvió fría y distante.Él pensó en la existencia de otro hombre, pero cavilando, llegó a la conclusión de que eso era un imposible, su mujer casi no salía de la casa.
Luisa supo desde el primer momento en que conoció a Canela que algún día cedería a la tentación. Y esa tarde fue la tarde perfecta; quizás porque afuera llovía y siempre la había excitado la lluvia.
Había vivido más de un año con el deseo reprimido de poseer a Canela para sí misma, sola, sin Augusto; de acariciarle los senos, su cintura perfecta; así que le puso su mejor lencería y la acostó sobre la cama y unos segundos después, cuando el aceite que tenía en su interior recorrió cada parte de su cuerpo, se volvió caliente, mucho más que ella.
Canela, rulos suaves y sensuales que invitaban a tocarlos y acariciarlos, labios gruesos y carnosos, que se adherían a la boca y la succionaban con frenesí, piernas perfectas, senos erguidos y redondos, una obra de arte,la réplica de la más hermosa hembra de goma suave y perfumada, poseedora además del pene más viril y armónico que jamás haya probado…lo tocó y acarició, con el mismo ardor con que lo hacía Augusto, con un sudor cóncavo corriéndole por la espalda.
Y desde esa tarde, cuando su marido se iba al trabajo, Luisa ni siquiera esperaba que desapareciera su auto de la calle para sacar a Canela del placard. Ella le daba el único placer que encendía su cuerpo y por eso, nunca más la hizo esperar.
jueves, noviembre 06, 2008
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